Novia miente sobre su boda para evitar ver a una de sus invitadas

Cuando la protagonista de nuestra historia acudió a la boda de una conocida, lo hizo sin su hija ya que, según el habían dicho, iba a ser una fiesta de adultos solamente. Sin embargo, tras un rato… se llevó una sorpresa.

Invitados al casamiento

En toda boda, los invitados son una parte importante del evento. No es extraño, sobre todo en las clases sociales más altas, que algunos invitados no sean amigos ni familiares cercanos de los novios. Si éstos engrosan la lista de invitados es sencillamente por puro compromiso -es decir, marginar a esos invitados no deseados podría frustrar un eventual buen negocio a futuro o un posible ascenso en la empresa-.

Sin embargo, desde la perspectiva de los invitados la historia es muy distinta. ¿Qué se siente tener que acudir a un evento al que uno pareciera no ser bienvenido? Es lo que le ocurrió a la protagonista de esta historia, y lo descubriría de la forma más insólita…

Sin sentido

Los años pasan y las personas cambian. Suele pasar entonces, cuando dos amigos se reencuentran tras años de silencio, que uno de los dos, o los dos, no son como eran antes. Así dadas las cosas, aquel amigo con el que ayer teníamos muchas cosas en común, hoy es otra persona y el reencuentro, lejos de ser un acontecimiento feliz, puede hasta llegar a tener un sabor amargo.

Cuando nuestra protagonista fue a la boda de su “amiga” se llevó un chasco. La novia se cavó su propia tumba incumpliendo su palabra.

¿Cómo fue que comenzó este embrollo?

Una mirada hacia atrás

Empecemos por ponerle poco de contexto a la historia: ambas mujeres se hicieron amigas tras conocerse en la universidad. Incluso llegaron a compartir piso, convirtiéndose en amigas inseparables. Tras la fiesta de graduación, los caminos de la vida las llevaron a buscar nuevos horizontes en zonas del país alejadas entre sí.

La distancia suele enfriar los vínculos, pero ellas hicieron todo por mantener la amistad viva. El vínculo continuó como si el tiempo no pasara y no hubiera distancia geográfica entre ellas. O al menos, eso es lo que una de las mujeres creía.

Pronto se encontraría con que estaba equivocada…

Niños no, por favor

Nuestra protagonista, cuyo nombre real no revelaremos y la llamaremos Annie, llevaba una vida feliz junto a su marido y su pequeña hija. La novia, a la que llamaremos Laura, llevaba cerca de un año y medio comprometida con el hombre de sus sueños. Decidieron dar el sí y celebrarlo… sin niños. Naturalmente, Annie no podía faltar en la lista de invitados, pero su hija no formaría parte de ésta.

A la amiga de Laura jamás se le hubiera ocurrido objetar aquella decisión, por lo que procedió a buscar una niñera para su pequeña. Pero lo que los novios no podían saber era que, contra lo que ellos creyeron inicialmente, su decisión de excluir a los niños no quedaría como una anécdota intrascendente en el tiempo.

A cargo de la situación

Annie encontró una niñera y planificó el viaje para asistir a la boda de su gran amiga. Todo parecía normal, hasta que finalmente llegó a la fiesta y… se encontró con que las cosas no eran como le habían dicho.

¿Cómo reaccionar cuando te das cuenta de que te mintieron?

Una guardería… o casi

Quizá no pueda decirse que era una guardería, pero si algo no faltaba en esa fiesta, eso eran niños correteando por los pasillos. Laura había sido bien clara con Annie: los niños no estaban invitados, si bien nadie estaba expresamente excluido a su boda.

¡Annie vio hasta coches de bebé! Y lo peor de todo es que este parecía ser un plan maquiavélicamente ideado por la novia. Pero la pregunta más importante es… ¿por qué hizo algo semejante? ¿Cuál era su intención?

Plan oculto

En un momento dado, Annie supo que todo se trató de un plan del cual ella no debía enterarse. Naturalmente, para ella fue un trago de lo más amargo. Resulta que, para no acudir sola a la celebración, planificó con anticipación encontrarse con otras amigas para ir en grupo.

Lo que ellas no esperaban era encontrarse con Annie allí, dispuesta a pasarlo bien. Dicho de otra manera, la idea era que ella no viniera a la boda y creyeron que la exclusión de los niños sería la mejor forma de hacer que Annie se quedara en su casa. ¿Con cuánta anticipación Laura había planeado esto?

Invitada fantasma

Confundida, con la cabeza hecha un torbellino, Annie optó por hacer de cuenta de que nada extraño había pasado y simplemente ser una invitada más y pasárselo bien en la fiesta. Al llegar al sitio, se encontró con la hermana de Laura, quien se sorprendió de verla allí.

Annie le comentó que había dejado a la pequeña a cargo de alguien de confianza. Sin embargo, ella todavía no entendía que la hermana de su amiga no estaba sorprendida por la ausencia de la niña sino por la presencia de la madre…

Confusión y caos

La hermana de la novia adujo haberse sorprendido al ver a Annie porque tenía entendido que ésta no había confirmado su asistencia al evento. Annie no comprendió por qué aquélla se mostró sorprendida dado que ella, naturalmente, había confirmado asistencia.

Parecía que todo había sido planificado para que Annie no viniera o que, en todo caso, hubiese habido un error al momento de elaborar la lista de invitados definitiva. Pero ¿qué estaba pasando? ¿Por qué?

La verdad oculta

Sorprendida y confundida, la hermana de la novia mencionó que ésta se había estado quejando por la ausencia de su amiga durante los últimos meses, alegando que nunca estaba para ella cuando la necesitaba. Pintó un panorama en el que Annie había ignorado a Laura por completo, pero Annie contaba con un as bajo la manga: una prueba irrefutable de que todo eso era mentira.

En su teléfono móvil tenía varias conversaciones entre ellas. La última era del día anterior. De esa forma, quedaba claro que el vínculo no se había extinguido como Laura le había hecho creer a su hermana.

Demasiado tarde

Independientemente de las pruebas y explicaciones que Annie pudiera esgrimir sobre la situación, la realidad es que, llegado el momento de ingresar a la fiesta, se encontró con que no tenía un lugar asignado en las mesas.

La hermana de Laura, que para entonces ya había escuchado ambas versiones -encontradas, por cierto-, decidió ir a la fuente. Es decir, a la novia. La angustia no hacía más que crecer a pasos acelerados, pero la historia no había terminado aún…

Una “solución”

Tras la incomodidad que sintió Annie ante la extraña e insólita situación, la hermana de Laura, rápida de reflejos, decidió buscarle un asiento a Annie antes de que la situación pasara a mayores.

La única opción era una silla que quedó libre dado que una prima del novio se había ausentado. Compartió entonces mesa con la familia de aquél. Annie no tuvo reparos. Es más, se pasó la noche conversando animadamente con sus compañeros de mesa…

Lo peor está por venir

Quien piense que lo peor ya había pasado, está equivocado. La tormenta estaba por desatarse cuando los camareros depositaban los platos sobre las mesas. Annie se disponía a saborear la comida cuando, a la distancia, vio a las hermanas discutir acaloradamente.

Si bien no podía oír lo que decían, la estaban señalando a ella, dejando en evidencia cuál era el tema de conversación. Saltaba a la vista que la situación se ponía más tensa a cada segundo, pero si acaso alguien aún tiene alguna duda, lo que estaba por ocurrir iba a echar por tierra cualquier duda…

La explicación más ridícula que Annie podría haber escuchado

La novia había intentado evitar la asistencia de su “amiga” a como dé lugar. Ahora, al encontrarse con que estaba allí, el plan de la supuesta exclusión de los niños había fracasado.

A Laura no le quedó más remedio -o al menos, eso creyó ella- que inventar una retorcida mentira. La hermana mordió el anzuelo y creyó entonces que no había relación entre ellas y que Annie no había confirmado su asistencia a la boda.

Demasiado…

Ante semejante episodio digno de una telenovela, Annie se sintió tan incómoda que decidió dar media vuelta y marcharse a su hotel. No tenía ningún interés en estar en una boda a la que, pese a haber sido invitada, era persona non grata.

De todos modos, no quería guardarse para ella esa horrible sensación, por lo que decidió llamar a la novia por teléfono. Se encontró entonces con nueva sorpresa: Laura había bloqueado su número de teléfono y la había eliminado de todas las redes sociales de manera que Annie no tuviera forma de comunicarse con ella.

Sin respuestas

Ante la falta de explicaciones sobre qué había pasado, sumada a la imposibilidad de entablar diálogo con su “amiga”, Annie decidió dirigirse al anónimo público de Internet en busca de hipótesis que le permitieran explicar lo ocurrido.

Si bien nadie podía dar una respuesta a ciencia cierta, el público virtual tenía muy claro que la novia había obrado de la peor manera. Acto seguido, muchos decidieron compartir sus propias historias de amigos con secretos e intenciones ocultas.

Teorías

Cuando se trata de elaborar hipótesis, las cosas que pueden leerse en el ciberespacio pueden llegar a ser más creativas que cualquier serie de ciencia ficción. Una de las teorías que sonó con más fuerza fue la de una pelea por hombres, pero Annie la desmintió y señaló que, al momento de iniciar sus respectivas relaciones, cada una con su pareja, no coincidieron en tiempo ni lugar.

Al margen de eso, hubo un consenso generalizado sobre aquel dicho que reza que “con amigos así, quién necesita enemigos” y que lo mejor para Annie era alejarse de Laura.

Lección aprendida

Muchos han argumentado que Laura no debió haber invitado a su examiga si no quería que ésta estuviera allí. Nuestra protagonista nunca llegó a saber, o al menos no compartió con el público virtual, las motivaciones detrás del extraño accionar de Laura.

Sin embargo, la lección queda clara: la gente cambia, por lo que no hay que esperar que, si alguien era de una determinada manera ayer, hoy sea la misma persona. Si un vínculo mutó, mejor dejar las cosas como están antes que pretender forzarlas y llegar al punto sin retorno de incomodar a ambas partes e incluso a terceros.